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Mates sí, Latín tamén

Nestes días de inquedanza pola futura aplicación da nova (pero vella) Lei de educación recibimos dun colega noso este interesante artigo:

MATES SÍ, LATÍN TAMBIÉN

De la misma manera que los hongos proliferan en nuestros campos en otoño, así lo hacen actualmente en los principales periódicos artículos de opinión sobre la conveniencia/ inconveniencia del latín en el sistema educativo español.

De manera particular, llamó mi atención uno publicado en El País, el pasado viernes,  15 de noviembre. Bajo el título ¿Latín o mates?, los profesores de Economía Samuel Bentolila y Marcel Jansen critican, con mayor dosis de acidez que de buen criterio, la posibilidad de que la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) unifique los actuales Bachilleratos de Humanidades y Ciencias Sociales (CC SS) e implante como obligatoria la asignaturaza de Latín para todos los alumnos del nuevo Bachillerato.

Afirman que “la propuesta es inoportuna y supondría una vuelta al pasado; que ya no basta con la mera transferencia de conocimiento; que los jóvenes han de aprender a procesar la información…., lo que requiere un buen conocimiento matemático”. Como colofón, una frase cáustica, lapidaria, rencorosa, que niega el pan y la sal a la asignatura: “la LOMCE aspira a mejorar la calidad de la enseñanza y este objetivo no se va a conseguir empollando latín por mandato divino”.

Citan los datos del informe PISA de 2009, según el cual los jóvenes de 15 años de nuestro país siguen teniendo graves problemas en matemáticas. Sutilmente se hace creer al lector que el responsable del fracaso de las matemáticas pudiera ser el latín. Nada más falso. A esa edad las matemáticas han acompañado al alumno en su curriculum curso tras curso durante toda su vida escolar  sin separarse de él ni un solo día. Del latín, en cambio, ni siquiera han oído hablar, y así seguirá la mayoría incluso si finaliza los estudios de Bachillerato. Condenarlo durante lustros al ostracismo en los planes de estudio ha supuesto un empobrecimiento severo  y un deterioro manifiesto de nuestra lengua que alcanza de una forma intolerable a los medios de comunicación. Subestiman la inteligencia de los alumnos y de los Gabinetes de Orientación al suponer que podrían llegar a la Facultad de Economia sin haber cursado ninguna asignatura de matemáticas en el Bachillerato. Los estudiantes no son necios y saben que para matricularse en Ciencias Económicas es preciso elegir la materia de Matemáticas y también la de Economía a la que, para mi sorpresa, no se menciona en ninguno de los parágrafos del artículo. Ninguna alusión tampoco para los muchos alumnos que a través de este Bachillerato no aspiran a ser economistas sino abogados, periodistas, filólogos, traductores, profesores…, profesiones para las que, a priori, estudiar latín parece más conveniente que estudiar matemáticas.

Ni una sola palabra de bondad, de generosidad, de justicia, de reconocimiento hacia la lengua de Cicerón, que dos mil años después sigue estudiándose en buena parte del mundo.

Se ignora o se pretende ignorar que los hispanohablantes venimos del latín – y del griego- y que no conocerlo implica en buena medida la pérdida de nuestras raíces.

Se ignora o se pretende ignorar que hasta el S. XVIII los científicos escribieron sus trabajos en latín y en consecuencia no es posible conocerlos de primera mano sin antes haber estudiado la lengua que ellos utilizaron para transmitir su saber.
Se ignora o se pretende ignorar que el latín está presente en la medicina, en la jurisprudencia, en la astronomía, en las matemáticas, en la física, en las nuevas tecnologías, en la vida diaria. ¿Cómo se entiende si no el uso de formas tan cotidianas como fecundación in vitrocorpus delicti, galáctico, secante, partícula, delet, ante meridiem, etc. (también esta abreviatura procede del latín et cetera significando “y lo restante”). ¡Cuánto menos complicado sería para un estudiante de biología si tuviera conocimientos de esta lengua memorizar los nombres de animales y plantas cuyo nombre técnico internacional lleva la impronta del latín!

Se ignora o se pretende ignorar que el estudio del latín amplia nuestro horizonte lingüístico facilitándonos el aprendizaje de otras lenguas modernas.

Se elogia el sistema educativo de Finlandia por el estudio que allí se hace de las matemáticas, pero se ignora o se pretende ignorar que en este país, a pesar de no hablarse una lengua neolatina, se permite a sus alumnos estudiar latín como lengua extranjera al mismo nivel que el francés o el inglés.

Y por último, no siendo peccata minuta lo expuesto, se ignora o se pretende ignorar la causa principal que justifica el estudio del latín: al igual que las matemáticas, el latín – parafraseo a Cheryl Lowe- es un sistema organizado, lógico, acumulativo, en el que cada destreza se construye sobre la anterior; en él nada puede ser olvidado; todo debe ser recordado. Todos los conocimientos y habilidades están interrelacionados. El estudiante construye el rascacielos del saber ladrillo a ladrillo hasta alcanzar el más alto nivel de habilidad y competencia. El estudio del latín es, pues, una educación completa porque desarrolla las facultades intelectuales al mismo tiempo que – y en esto es superior a las matemáticas- la capacidad para utilizar la lengua propia.

Parece obvio que ante el simplismo de la pregunta ¿Latín o mates?, solamente cabe una respuesta: mates sí, latín también.

Manuel Rodríguez Santos